Entrevistas

Nancy Beatriz Lago I Licenciada en Gestión Ambiental especializada en Ingeniería Ambiental y Diplomada en Gestión de la Energía y Ambiental

"No se puede remediar un sitio con la gente viviendo encima"

A pocos kilómetros del centro de la Ciudad de Buenos Aires, Villa Inflamable se extiende como una herida abierta. Cercada por el polo petroquímico de Dock Sud, sufre la superposición de contaminación industrial, pobreza estructural y ausencia estatal. Allí, vivir implica respirar aire denso, tomar agua de bidones y ver crecer a niños con metales pesados en sangre.

En esta entrevista, Nancy Beatriz Lago, docente e investigadora en temas ambientales, explica por qué el problema excede lo técnico y se vuelve político, social y humano. A lo largo del diálogo, se detiene en las fallas estructurales de medición, las políticas públicas fragmentarias y los dilemas que surgen cuando el riesgo se vuelve costumbre.

¿Por qué decís que Villa Inflamable es una situación compleja desde lo ambiental y social?

Siempre en temas ambientales, los lugares donde hay mayores complicaciones son los que habita la gente con más vulnerabilidad social. No es que pasa solo en Dock Sud: en todo el país los lugares más baratos y abandonados los ocupa la gente con menos recursos. Entonces se generan estos círculos viciosos donde ya no sabés qué resolver primero. Además, la población se asentó incluso antes del polo petroquímico, y después se siguió permitiendo que se instalen. Es un terreno bajo, sin servicios, con varias fuentes de contaminación superpuestas.

¿Cuáles son esas fuentes de contaminación?

La más visible es la industrial, por las refinerías. Pero no es la única. La gente no tiene cloacas. Tiran los efluentes por pozo negro, por cámara séptica, y no tienen ningún tratamiento. También está el Riachuelo: como es la desembocadura, reciben la mayor carga contaminante de todo el recorrido del río.

¿Hay herramientas en el país para medir esa contaminación?

Existen. Pero Argentina tiene muy poca medición ambiental, sobre todo puntual. Se miden cosas a nivel nacional, como la superficie de parques, pero no lo que respira una persona en Dock Sud. Y eso es caro, lleva tiempo, y no sirve hacerlo desde otro lugar. Por suerte, esa zona está bajo la órbita de ACUMAR, que sí tiene un sistema de indicadores.

¿Y qué dicen esos indicadores?

Algunas cosas están actualizadas, incluso de mayo de 2024. Pero no muestran mejoras. Hay mediciones de calidad del aire que dicen que está bien. Pero sabemos que no. Porque no se miden los contaminantes más relevantes, como los hidrocarburos volátiles: benceno, tolueno, xileno. Se mide material particulado, óxidos de nitrógeno, monóxido… pero eso no es suficiente.

¿No hay una ley que regule cómo deben medirse esos datos?

Sí, la Ley de Calidad del Aire en Provincia. Te dice qué parámetros medir, pero no dónde. No exige estaciones cada tantos kilómetros, por ejemplo. Entonces el problema es que no hay suficiente monitoreo. Hay una estación de ACUMAR en Dock Sud que supuestamente da bien, pero vos hablás con la gente y no coincide con lo que viven.

¿Se mide el impacto en la salud de las personas?

Se puede medir. Hay normas para analizar metales pesados en agua, y biomarcadores, como el plomo en sangre. En Dock Sud se hicieron varios estudios, sobre todo en niños, que son los más afectados. Y hubo muchos casos con plomo en sangre.

¿Qué pasa con la relocalización de esas personas?

Ahí está el gran problema. No podés remediar un sitio con gente viviendo encima. Técnicamente es imposible. Pero la relocalización es conflictiva. La gente no se quiere ir. Es su casa, su comunidad, su historia. Y además, en muchos casos no se ofrece un plan claro: no sabés adónde irían. No se trata de mudarlos a cualquier lado. Requiere conciencia, planificación, recursos.

¿Y se ha intentado hacer conciencia ambiental?

ACUMAR debería haberlo hecho. Pero no es fácil. Si no tenés recursos, no podés irte solo. Y cuando vivís así, perdés la percepción del riesgo ambiental. Entonces el aire huele mal, no tenés agua, tu nene no crece, y lo asumís como parte de tu vida. Concientizar lleva tiempo, talleres, trabajo social. No es algo técnico.

¿Cuál es tu mirada sobre por qué no se resuelve esta problemática?

Porque no se están tomando decisiones de fondo. La actividad industrial sigue. Las emisiones no se controlan como deberían. Y desde lo social, tenés asentamientos sobre pasivos ambientales que no se pueden remediar. El problema es estructural y no se va a resolver en el corto ni mediano plazo. Se hacen parches: bidones de agua, algún caño… pero la población sigue creciendo, y eso complejiza todo.

¿Entonces lo ambiental no puede pensarse separado de lo social?

No. Lo ambiental está totalmente atravesado por lo social. Si tenés recursos, te vas. Si no, te quedás. Y cuando te quieren ayudar, sospechás. La peor situación es personas viviendo en un lugar de alta vulnerabilidad ambiental, sin posibilidad de salir. Y eso es lo que pasa en Villa Inflamable.

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