Entrevistas

Mariana Dezzutti  I  Lic. en Ciencias de la Atmósfera

"Los habitantes vuelven a quedar desprotegidos"  

Mariana Dezzutti, Doctora y licenciada en Ciencias de la Atmósfera, se desempeñó como profesional a cargo de la coordinación de calidad ambiental en ACUMAR (Autoridad de Cuenca Matanza Riachuelo). Su trabajo se enfocó en el monitoreo de la calidad del aire en una de las zonas más contaminadas del país, utilizando estaciones automáticas y equipos homologados por organismos internacionales.

Con una mirada técnica, pero también profundamente comprometida con el impacto social y humano del saneamiento ambiental. Su experiencia permite comprender desde adentro las dificultades, logros y retrocesos que atraviesan las políticas ambientales en nuestro país.

¿Cuál era tu rol principal en ACUMAR?

— Dentro del área de calidad ambiental, estuve a cargo de la calidad del aire. Esta área abarca también la calidad del agua subterránea, agua superficial y humedales. Nuestro trabajo consistía en medir y analizar la calidad del aire, principalmente a través de estaciones automáticas y continuas, equipadas con tecnología homologada por la EPA.

En los últimos tiempos, debido a restricciones presupuestarias, dejamos de contar con este servicio completo y se instalaron cinco microestaciones, que igualmente son equipos de alta calidad, ubicadas en distintos puntos de la Cuenca, incluyendo Dock Sud. A partir de los datos recolectados, realizabamos estudios y, al detectar contingencias o niveles alarmantes de contaminación, se notificaba al área de fiscalización de ACUMAR para que tomaran las medidas correspondientes.

¿Qué indicadores o estudios se usan para evaluar la calidad del aire o del agua en zonas como Villa Inflamable?

— Para la calidad del aire, utilizamos principalmente el AQI (Air Quality Index), que es un indicador internacional desarrollado por la EPA y adoptado en numerosos países. Este índice es fácil de entender para la población general, ya que funciona como un semáforo que indica el estado de la calidad del aire mediante colores: verde significa buena calidad, amarillo indica una calidad moderada, y la escala continúa hasta llegar al marrón, que representa la peor condición y mayor riesgo para la salud.

El AQI se calcula a partir de la concentración de contaminantes criterio en el aire, como son las fracciones de material particulado (PM2.5 y PM10), ozono, dióxido de azufre, dióxido de nitrógeno y monóxido de carbono, entre otros.

En cuanto a la calidad del agua y otras áreas, se utilizan diferentes indicadores específicos. Por ejemplo, para la evaluación de humedales se emplea el USHI (Urban Stream Health Index), entre otros. Todos estos indicadores y sus resultados están disponibles en la página oficial de ACUMAR.

¿Cuál es el rol de Acumar en el cumplimiento de lo que establece la Corte Suprema en la causa?

— En relación con la Corte Suprema y el cumplimiento de la causa, esta dejó de existir formalmente. Se levantó en octubre del año pasado dándose por cumplida la causa, lo cual es falso.

Desde tu punto de vista, ¿Cómo se evalúan los avances (o retrocesos) en el saneamiento de la Cuenca Matanza-Riachuelo?

— El saneamiento, tanto del aire como del agua, no es algo que se logre de un año para otro; es un proceso que lleva mucho tiempo, muchos años. Se han realizado numerosos trabajos que son evidentes para quienes viven en la zona. Personas que han vivido toda su vida en la Cuenca comentan que, acercándose al Riachuelo, ya no se percibe el olor desagradable que solía haber, algo que antes era una señal clara de contaminación. Uno se daba cuenta que llegaba al Riachuelo solamente por el olor.

El avance es muy complejo y lento. Cuando comencé, estaba muy motivada porque había muchas cosas por hacer, pero al tratarse de un organismo político, las trabas son numerosas. Se avanza a paso muy lento, con frecuentes obstáculos burocráticos y los cambios de gestión que afectan la continuidad de los proyectos; lo que un equipo apoya, el siguiente puede revertir.

Hablar de la causa y del funcionamiento en la actualidad resulta difícil, especialmente en un contexto político que parece desmantelar las políticas ambientales. La causa judicial ya no está activa, y aunque ACUMAR sigue existiendo, su continuidad es dudosa.

En cuanto a la calidad del aire, nunca tuvimos grandes problemas para cumplir la manda judicial, aunque en ocasiones nos señalaban la necesidad de medir contaminantes como el benceno con mayor frecuencia, algo difícil de lograr sin el presupuesto adecuado.

¿Hay avances tecnológicos o científicos recientes que puedan ser útiles para el saneamiento o monitoreo ambiental en esta región?

— Respecto a los avances y retrocesos, como mencioné antes, hubo progresos importantes en gestiones anteriores, donde se destinaban mayores presupuestos y recursos.

Sin embargo, en la gestión actual, prácticamente no existen avances tecnológicos ni científicos; al contrario, ha habido un retroceso de alrededor del 90%. Por ejemplo, se eliminaron las mediciones continuas con equipos homologados por la EPA en calidad del aire. En otras áreas de ACUMAR también se produjeron recortes significativos, pero en mi sector estos fueron particularmente fuertes.

Leí un par de noticias donde se decía que el saneamiento ya no iba a seguir y la cuenca se iba a dejar como estaba. ¿Tenés información sobre eso? ¿O una opinión?

— Sí, es cierto que el futuro es incierto. Un indicio claro fue la campaña política de Milei, donde manifestó que "contaminar está bien" y que la responsabilidad recae en la industria, no en el Estado. Esto desprotege a la población, porque a los empresarios les interesa producir y vender, pero no les afecta la contaminación, ya que ellos no habitan ni respiran el aire contaminado en la Cuenca.

Otro indicio fuerte fue cuando se levantó la causa judicial. Tener la causa activa nos daba un marco legal sólido para continuar con las tareas y exigencias.

Al levantarse la causa, ACUMAR pasó de ser un organismo judicializado a un organismo administrativo más, perdiendo así el motor fundamental que impulsaba su labor: la causa judicial. Esta reducción del Estado implicó un fuerte impacto en el funcionamiento institucional.

Se produjeron múltiples despidos arbitrarios, sin un análisis profundo del rol de cada persona. Yo cuento con un doctorado en Ciencias de la Atmósfera, por lo que además de la parte técnica en calidad del aire, también tenía manejo de datos meteorológicos. En el área disponíamos de quince estaciones meteorológicas, una por municipio, cuyos datos utilizábamos regularmente. Quedaron completamente vacías estas tareas como muchas otras que realizaban otros profesionales que hoy ya no están.

Personalmente, me entristece profundamente lo que está ocurriendo, ya que todo el trabajo realizado durante años ha sido desestimado por quienes hoy conducen el organismo, con escasa experiencia en la temática. Ingresé con gran motivación, pero esa energía se fue diluyendo ante las barreras políticas que obstaculizaban mi labor. La situación se agravó hasta paralizar el funcionamiento del organismo, llevándolo hacia su eventual cierre. Esto es especialmente lamentable para los vecinos de la Cuenca, quienes fueron el centro de todos los esfuerzos realizados y que ahora quedan nuevamente desprotegidos.

Si tuvieras que señalar una acción urgente o prioritaria para mejorar la situación ambiental en la Cuenca, ¿Cuál sería?

— Sinceramente, con el gobierno actual, no veo posibilidades reales de avances. Es casi imposible. Lo que sea que uno piensa, uno tiene que tener los conocimientos de lo que pasa actualmente para saber si es viable y hoy en dia no hay conocimiento, porque nadie está midiendo, nadie está informando. Por eso, lo primero que debe hacerse es retomar la medición rigurosa. Si ACUMAR logra mantenerse, sería necesario comenzar prácticamente desde cero.



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